Referencia a los nuevos señores feudales
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___Con la Revolución Francesa se logra que los individuos no valgan por sus títulos nobiliarios, sino por sus destrezas, sus habilidades, su astucia para los negocios o su inteligencia. Hasta ese entonces un individuo tenía futuro si era conde, marqués o duque, o si tenía estrechas relaciones con la nobleza. A partir de la Revolución Francesa y de la Declaración de los Derechos del Hombre todos somos iguales, tenemos las mismas oportunidades y valemos no por nuestros títulos ni nuestros escudos de armas, sino por nuestras competencias.
___El mismo Napoleón, que era un militar cualquiera, un corso sin títulos nobiliarios de ninguna clase, se convierte con rapidez en el dirigente más importante de Europa. Aunque, claro, cae también en la trampa de la megalomanía de sus predecesores y termina autoproclamándose emperador, nada más y nada menos.
___Pero digamos que en términos generales la caída de la monarquía inaugura un nuevo sistema social que regula los poderes, distribuye las oportunidades y establece unas leyes que deben respetar todos por igual, independientemente de su cuna o su dinero. No es un sistema perfecto, pero opera bastante bien y brinda la posibilidad de que una persona sagaz y disciplinada prospere y llegue a ocupar cargos importantes y una posición social destacada.
___El problema es que en el último tiempo estamos empezando a ver a una serie de sujetos políticos con ínfulas de reyezuelos. No les gusta el contrapeso de poderes, la vigilancia de los organismos de control y la prensa libre atenta y combativa. No les gusta trabajar en equipo, ni consultar a sus asesores ni delegar funciones. Ellos son los únicos que toman las decisiones y lo hacen basados en su miopía y en su propia tozudez. No estudian ni analizan lo que sea mejor para sus respectivos países, no, lo único que les interesa es reinar a la manera antigua y permanecer en el poder al precio que sea necesario.
___Por eso estoy de acuerdo con algunos analistas que consideran que el problema hoy en día no es la vieja oposición izquierda-derecha, sino cómo salvaguardar la democracia. Hay autoritarismos en la izquierda, como los de Cuba, Nicaragua o Venezuela, por ejemplo, atravesados por la corrupción y por alianzas mafiosas que convierten a sus dirigentes en capos y delincuentes de gran envergadura. Y hay autoritarismos de derecha, como el de Bukele en El Salvador, el de Viktor Orbán en Hungría o el Trump en Estados Unidos, que buscan permanentemente cómo saltarse las resoluciones de los jueces o de los parlamentos de sus respectivos países.
___No importa si los candidatos son de izquierda o de derecha, siempre y cuando respeten los organismos de control y las reglas de la democracia. El problema es cuando detectamos a un político con aires mesiánicos y megalómanos.
___La situación es tan grave que un dirigente como Putin ha decidido atacar a Ucrania para anexarla a su territorio. Ya desplegó tropas también a la frontera con Finlandia y con Lituania. Es decir, estamos ante un sujeto que tiene ínfulas de rey antiguo y que ve a Rusia no como un estado moderno, sino como un feudo medieval. Y, aunque parezca mentira, lo mismo le sucede a China con el Tíbet o con Taiwán, a la que atacará seguramente muy pronto.
___Trump no es la excepción a esta regla voraz: ya declaró que piensa tomar posesión de nuevo del Canal de Panamá, está ofreciendo una fuerte suma de dinero para anexarse Groenlandia (que hoy en día pertenece a Dinamarca), y no ha hecho sino repetir que Canadá no debería ser un país independiente, sino un estado más de los Estados Unidos de América.
___Todo esto indica un fuerte retroceso hacia el Medioevo y los señores feudales. Ya no estamos avanzando: estamos involucionando. Dirigentes como Trump o como Putin no defienden la igualdad de los Derechos Humanos ni la democracia participativa moderna. Están defendiendo, en realidad, las nuevas plutocracias, en donde ya no gobiernan los mejores ni los más capaces, sino un círculo cerrado de mafiosos que suelen ser vulgares, narcisistas y sumamente peligrosos.